Estoy pasando unos días de descanso después de tantos días de formación, y lo estoy haciendo en un lugar mágico. Estoy en una mágica casita en lo alto de una colina, rodeada de campos y ovejas en el País de Gales. Estoy en casa de Roy. Roy es uno de los aprendices de Bandler, de hecho, probablemente el mejor que ha tenido. Los aprendices van siguiendo a Bandler durante 2 años a todas sus formaciones alrededor del mundo para aprender sus secretos. Entender el grado de sofisticación técnica en su trabajo lo requiere.
Mientras observamos las ovejas sentados en la verde campiña galesa, me habla de sus tiempos de motero, de sus años como corresponsal de guerra, de los clientes que llegan a este lugar apartado de la civilización para que les ayude, de sus experiencias siguiendo a Bandler. Pero especialmente, reflexionamos sobre la congruencia.
Hablábamos de la necesidad de aplicarse los preceptos de
Dentro de la clase, no es tan difícil pretender ser algo o alguien que no eres, para poder cumplir con el papel de trainer. Pero fuera, una vez terminada la clase, observa si se realmente cumple con todo lo que predica.
Muchos no saben gestionar sus estados y pierden los estribos con facilidad, otros no aplican lo que cuentan sobre la precisión en su lenguaje, otros tienen miedos o inseguridades, otros no están motivados, no generan estados en sus alumnos (al menos positivos), o están deprimidos.
Predicar con el ejemplo, es la primera premisa que debería seguir cualquier trainer.
